Quién iba a decir que todo se acabaría. Tarde o temprano todo llega a su fin. Los exámenes, la crisis, las películas, los crispis, incluso cualquier tipo de relación. Por muy duradera y muy de color de rosa que se vea en muchos momentos.
Era feliz. Más de lo que jamás puedas imaginar. Más de lo que nunca llegarás a pensar. Fueron tiempos mágicos, tiernos, encantadores, inolvidables. No me hacía falta nadie más. Nada más. Él era todo lo que necesitaba y quería. Vivía en mi pompa. En mi pompa...pero con él. Sé que él también era feliz. No me lo decía. Era mejor así, pues las palabras se las lleva el viento pero los hechos y los sentimientos ahí se quedan, bien delimitados y plasmados en una cara, en un gesto, en una mirada, en una sonrisa. Preferiblemente, antes de decir "te quiero" o cosas por el estilo, vale más dedicar tiempo. Tiempo de tu vida entregado a la otra persona. A acariciar y sentir cada centímetro de su piel. A fundirse como el hielo cuando los cuerpos se rozan. Únicamente tomarme encima y saber lo que yo sentía a través de un beso... tumbados encima de un columpio para niños de cinco años.
No había mentiras. Por aquellos entonces, eso no existía. Éramos jóvenes e inocentes. Quizá demasiado. Puede que quizá también empezáramos demasiado pronto el sueño que quisimos que nunca terminara... Creo que eso fue lo que se cargó el cuento. Aquel cuento maravilloso en el que yo era una princesa Disney y él , el príncipe perfecto.
Siempre he dicho que todo lo que tiene un principio va asociado a un final. Feliz o no. Eso es lo de menos puesto que cuando te das cuenta de todo lo que has perdido, de todo lo que han cambiado las cosas, el final es lo que menos te importa. No quise seguir fingiendo el papel de novia perfecta cuando en el fondo no podía fingir. Era mejor alejarnos. Puede que lo hiciéramos mal. La culpa fue mía, probablemente. También es posible, que el cuento que decidimos vivir fuera demasiado para niños de 15 y 16 años. Se juntaron el hambre y las ganas de comer. Nos consumimos, uno al otro y el otro al uno.
Pero, en verdad, son cosas que tienen que terminar. ¿Hay algo eterno en el mundo? ¿En la vida? ¿Sentimientos? ¿Opiniones? ¿Creencias? Yo pienso que no. Todo , en cierta manera, es voluble. Y no sólo depende de ti. De hecho, de ti es de quien menos depende. Depende, sobre todo, de muchos factores externos que lo condicionan. Demasiadas influencias a lo largo de la vida , en mi opinión. Piedras. Muchas de las cuales ponemos nosotros a drede en todo el medio para, de alguna manera, tropezar. Parece que es por joder. Y digo a drede porque la gran mayoría de las veces lo hacemos a posta, nos gusta jodernos a nosotros mismos, putearnos. O al menos, a mí me pasa.
Sin embargo, dicen que donde hubo fuego siempre quedarán cenizas. A día de hoy miro hacia atrás con cariño al recordarte. No hay rencor. No hay odio. No hay temor. No hay arrepentimientos. Tan sólo queda el recuerdo del cariño que una vez sentí. Al pasar por cada calle en la que dejamos marca, por cada parque, por cada casa, por cada cine, centro comercial, bar y burger, a veces recuerdo lo felices que éramos siendo , tan sólo, unos críos. De vez en cuando, no está mal acordarse del pasado. De algo que hace mucho tiempo fue tremendamente especial y que no volverá. No importa. No me arrepiento de nada. No tengo ningún tipo de remordimiento conmigo misma. Pero sí que tengo que agachar la cabeza para decirte que gracias a ti soy quien soy ahora mismo... conformaste mi pasado y ahora eres parte de mi presente.
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