Ahora todo es inútil. El pasado, el presente y el futuro. Al menos en el caso que nos concierne a los dos. En teoría, todos deberíamos tener algo o alguien que nos guiara por el camino que es debido, vetándonos aquellos otros que llevan a finales más oscuros que los que habría en el caso de haber cogido el "buen" camino. Esa vocecita dentro de nosotros que nos debería decir qué está bien y qué está mal, creo, que en nuestro caso, está apagada o fuera de cobertura. Eso, o ha dejado el caso por perdido. En cualquiera de los casos, nuestro pepito grillo ha decidido abandonarnos. Es una bonita manera de definir lo nuestro, ya que no encuentro alguna otra palabreja que exprese mi mundo ahora mismo. Caminar solos es lo que toca. Nuestra forma de vida, sin ninguna vocecita interna que vaya a aconsejarnos. Y ahora, ¿qué? no sé qué hacer... estoy perdida por mucho que me haga la dura y no quiera reconocerlo.
Todo me recuerda al final de un cuento de hadas , en el que, para no variar, nada acaba bien. Siempre fui una persona desastrosa, perezosa, solitaria y... muy observadora. Me fijaba siempre en los detalles más absoletos en los que los niños no solían fijarse. Y no es que sólo me fijara, sino que algunos de esos meticulosos detalles se quedaban archivados en mi cabeza. Pensé en aquellos cuentos que tenía de pequeña en los que había inmensos castillos de princesas y príncipes encantadores que eran la mayoría. Normalmente, en casi cualquier cuento, siempre aparece un castillo. Un castillo amurallado. Fuerte y resistente. Paredes de ladrillo que parecen rascacielos imposibles de escalar, murallas puntiagudas bordeando el total del perímetro del castillo, guardias en cada puerta y en cada sitio de fácil entrada, cámaras de seguridad... ¿Qué más se puede pedir para proteger y asegurar un castillo y todo lo que hay dentro? Con estos obstáculos albergando día y noche, es imposible la invasión de cualquier extraño. Imposible, o casi imposible. No me pareció mala idea sustituir un pepito grillo que nunca tuve por una fortaleza impermeable.
Una lucecita se encendió en el núcleo sesudo de mi enorme cabeza. Si los castillos son invencibles al ser impenetrables, ¿ podría yo también ser inmune con una barrera impermeable, que dejara entrar solamente lo que yo deseara? Así fue cómo formé mi hipótesis central y, de alguna manera, estaba dispuesta a corroborarla costara lo que costara. No sé qué de malo podía tener una cosa que me protegiera de lo demás, de todo aquello que puede hacer daño. Al fin y al cabo, las personas más vulnerables necesitan una pared que les separe del resto. No encontraba inconvenientes acerca del muro, por lo que decidí construírla y ponerla a prueba. En primer lugar, la arquitectura de la misma fue algo relativamente fácil pues sólo me hicieron falta un par de pilares, que correspondían a ciertas ideas convincentes que abordaban la causa o finalidad de esa pared; y algo de tiempo, el justo y necesario para procesar dichas ideas, o lo que es lo mismo, tenía que masticarlas, digerirlas y posicionarlas.
En principio, todo fue bien. O eso quiero creer. Me hice más fuerte, segura, resistente... era lo que siempre había deseado. Pero no sé, había algo que no me dejaba gozar plenamente de ser así. Algo fallaba. No sabía que era. Una cuestión sin respuesta invadía de nuevo mi sesera. No paraba de preguntar sobre si cuando llegara alguien que podría no ser dañino y sí importante sabría reconocerlo y dejarlo entrar a mi castillo. Aún no lo tengo del todo claro. Es lo que pasa cuando construyes un muro alrededor de tu corazón, que te cierras tanto que luego cuando quieres abrirlo, no puedes. Sigues protegiéndote a pesar de que ese alguien puede ser quien te rescate del último piso, de la cima que está sobre la cima más alta del castillo. Tú no sabes salir, o mejor dicho, no quieres... ¿ y qué? Puede que si lo hicieras, el precio a pagar fuera el sufrimiento. Es posible que lo hiciera, la vida sin riesgos no es vida. Siempre hay que arriesgarse pero sabiendo bien lo que te interesa y por lo que vale la pena arriesgar.
...Cuidado con el tamaño y grosor del muro que sembréis, así como de su textura y esencia. Todo, caracterizará lo que es y dejará entrar específicamente lo que con otra configuración de alambrado distinto, no dejaría.
For the green valleys where dragons fly
martes, 13 de noviembre de 2012
sábado, 10 de noviembre de 2012
En un mar de Posidonias
Con su delicadeza y suavidad, los sueños más imposibles quedan para aquellas personas que no ven que lo imposible es aquello que, tan sólo, requiere un poco más de esfuerzo. El destello del sol sobre las finas olas espumosas, el olor especial de la brisa marina que acaricia y rodea mi cara, agarrándola y aferrándose a ella como si de una cría que aún mama se tratara. Mis pies que, sin querer, acarician la suave arena mientras sienten cómo la tranquilizante y juguetona arena no quiere despegarse y, por unos segundos, forma parte de ellos. Sin darme cuenta, no sólo mis pies y la tierra son uno, sino que todo, en conjunto, lo es. La arena, el mar y el viento que transporta su esencia son partes indisociables de mí.
No me cabe duda que lo mejor está por llegar, por ver, por creer y por sentir. Abrir los ojos, mirar y ver que estás rodeado de todo cuanto querías. Fuera de él era un mundo de por sí, pero dentro, dentro del mar... era un mundo diferente, mi mundo. Así es cómo estos sueños pasan a formar parte de una nueva realidad. Una manera de diferente de ver el mundo... y de vivirlo. Aquello que amamos y dejamos de amar. Aquello que odiamos y dejamos de odiar. Eso otro que nos causa indiferencia o lo de más allá, que, sin más, no se nos ha ocurrido cuestionarnos en la vida. A la izquierda, interrogantes que no significan nada y en su mano derecha, colgando de cada dedo, enigmas deshilachados perdidos por cualquier parte y dispuestos a ser moldeados y configurar lo que está por llegar. Me refiero a aquellos que más anhelamos, sentimos, amamos, deseamos con tanta fuerza que nos ciega la mente, muchos de ellos los quisimos por los siempre de los jamases.
Notar y sentir cada porción de su sutil consistencia rozando tu vientre, como si de caricias se tratara. Girar la vista hacia un lado y ver que tú también puedes tocar, que están ahí... esperando a que les digas algo, o al menos darles un gesto de cariño, un mínimo roze. Ya lo has logrado. Están alboroteando en tu mano y sientes como un pececito diminuto y pequeño puede hacerte alcanzar el cielo, y mira que los peces están en el mar. Así que es difícil. Pero es tal cual lo pongo aquí. Quizá no. Seguro que no. Es imposible describir algo así y menos yo, cateta y número uno en la clase de "quién se expresa peor". El caso, que me voy. Es alucinante. Dejarte llevar por la corriente azul, ver todo lo que el mar alberga y sentirte bien, muy bien, muchísimo mejor que si estuvieras fuera, arriba, con todos los demás... En el mismo mundo del resto de gente.
Verlo todo, con tus propios ojos sin que nadie te diga lo que ves. Estar libre, tú sola, rodeada de toda clase de peces, esponjas, algas, estrellas, erizos, pulpos, morenas y más formas de vida, que ojalá hubiera podido ver , y que más ojalá aún, estén por ver algún día y volver a ver todas aquellas que ya vi. Esa sensación de libertad, de despojo de cualquier problema, remordimiento, de no querer que acabe nunca. Todo es tan afable que lo que menos deseas es que termine. Te olvidas de todo, tanto bueno como malo. El tiempo vuela, para no variar. Siempre que algo nos causa alivio o placer colosal ahí estará el tiempo para indicarnos que todo llega a su fin. Por bueno que sea.
No me cabe duda que lo mejor está por llegar, por ver, por creer y por sentir. Abrir los ojos, mirar y ver que estás rodeado de todo cuanto querías. Fuera de él era un mundo de por sí, pero dentro, dentro del mar... era un mundo diferente, mi mundo. Así es cómo estos sueños pasan a formar parte de una nueva realidad. Una manera de diferente de ver el mundo... y de vivirlo. Aquello que amamos y dejamos de amar. Aquello que odiamos y dejamos de odiar. Eso otro que nos causa indiferencia o lo de más allá, que, sin más, no se nos ha ocurrido cuestionarnos en la vida. A la izquierda, interrogantes que no significan nada y en su mano derecha, colgando de cada dedo, enigmas deshilachados perdidos por cualquier parte y dispuestos a ser moldeados y configurar lo que está por llegar. Me refiero a aquellos que más anhelamos, sentimos, amamos, deseamos con tanta fuerza que nos ciega la mente, muchos de ellos los quisimos por los siempre de los jamases.
Notar y sentir cada porción de su sutil consistencia rozando tu vientre, como si de caricias se tratara. Girar la vista hacia un lado y ver que tú también puedes tocar, que están ahí... esperando a que les digas algo, o al menos darles un gesto de cariño, un mínimo roze. Ya lo has logrado. Están alboroteando en tu mano y sientes como un pececito diminuto y pequeño puede hacerte alcanzar el cielo, y mira que los peces están en el mar. Así que es difícil. Pero es tal cual lo pongo aquí. Quizá no. Seguro que no. Es imposible describir algo así y menos yo, cateta y número uno en la clase de "quién se expresa peor". El caso, que me voy. Es alucinante. Dejarte llevar por la corriente azul, ver todo lo que el mar alberga y sentirte bien, muy bien, muchísimo mejor que si estuvieras fuera, arriba, con todos los demás... En el mismo mundo del resto de gente.
Verlo todo, con tus propios ojos sin que nadie te diga lo que ves. Estar libre, tú sola, rodeada de toda clase de peces, esponjas, algas, estrellas, erizos, pulpos, morenas y más formas de vida, que ojalá hubiera podido ver , y que más ojalá aún, estén por ver algún día y volver a ver todas aquellas que ya vi. Esa sensación de libertad, de despojo de cualquier problema, remordimiento, de no querer que acabe nunca. Todo es tan afable que lo que menos deseas es que termine. Te olvidas de todo, tanto bueno como malo. El tiempo vuela, para no variar. Siempre que algo nos causa alivio o placer colosal ahí estará el tiempo para indicarnos que todo llega a su fin. Por bueno que sea.
viernes, 26 de octubre de 2012
Y por una vez...
Es increíble con la facilidad con la que se va todo a la mierda. Realmente, es asombroso, pero gran parte de las veces, no se puede optar por otra solución más factible. Mandarlo todo a tomar por saco, quitarte un peso de encima, deshacerte de quebraderos de cabeza muchas veces con el mínimo sentido posible, ser libre... También es maravillosa la sensación que se te queda en el cuerpo después de hacerlo. No es de personas malas, tampoco de gente fría o pasota. Quizá todo el mundo tenga un intervalo de confianza, y, sobrepasado éste, llegar a tocar unos límites que pueden acarrear consecuencias un tanto desastrosas como puede ser mandar al mundo a la mierda. Parcial o totalmente, eso depende del grado de manipulación de narices que se haya llevado a cabo.
Todas las personas tienen ese límite, unas antes y otras después, como es obvio; pero tarde o temprano todos llegamos. Y de una manera u otra, seguido de una serie de consecuencias que, en mayor o menor medida, afectan al resto.
Muchas veces, nos arrepentimos después de que se produzca esta liberación de odio hacia el mundo, que en cierta parte, se lo merece. En cualquier caso, siempre se puede retroceder, o al menos, intentarlo. Que nos dejen o no ya no es sólo cosa nuestra. Si no te dejan, pues bueno, para la siguiente ya has aprendido una cosa más y deberás mirar con más ojo. Aunque pensándolo bien, siempre se debe mirar con detalle a qué personas sí y a cuáles no exponerlas a los efectos y de qué manera. No todo el mundo se merece tu ira, amargura y malas caras porque a ti te vaya mal. NO. No se puede actuar por actuar y sin pensar... para algo digo yo que tendremos la cabeza además de para ponernos flores estúpidas en el pelo. Siempre reaccionar con quien procede, no vayamos a meter la pata.
A unas malas, cuando en ningún caso puedes mandarlo todo a tomar por culo por dependecia, conciencia o etc etc, vienen muy bien los sacos de boxeo. En el caso de padecer su ausencia, puedes tirarte de los pelos o darte cabezazos contra la pared. Ambas suelen ser muy efectivas.
Todas las personas tienen ese límite, unas antes y otras después, como es obvio; pero tarde o temprano todos llegamos. Y de una manera u otra, seguido de una serie de consecuencias que, en mayor o menor medida, afectan al resto.
Muchas veces, nos arrepentimos después de que se produzca esta liberación de odio hacia el mundo, que en cierta parte, se lo merece. En cualquier caso, siempre se puede retroceder, o al menos, intentarlo. Que nos dejen o no ya no es sólo cosa nuestra. Si no te dejan, pues bueno, para la siguiente ya has aprendido una cosa más y deberás mirar con más ojo. Aunque pensándolo bien, siempre se debe mirar con detalle a qué personas sí y a cuáles no exponerlas a los efectos y de qué manera. No todo el mundo se merece tu ira, amargura y malas caras porque a ti te vaya mal. NO. No se puede actuar por actuar y sin pensar... para algo digo yo que tendremos la cabeza además de para ponernos flores estúpidas en el pelo. Siempre reaccionar con quien procede, no vayamos a meter la pata.
A unas malas, cuando en ningún caso puedes mandarlo todo a tomar por culo por dependecia, conciencia o etc etc, vienen muy bien los sacos de boxeo. En el caso de padecer su ausencia, puedes tirarte de los pelos o darte cabezazos contra la pared. Ambas suelen ser muy efectivas.
lunes, 22 de octubre de 2012
Mi último recuerdo
Tengo guardados en un tarrito apartado, los momentos que jamas vivimos. Las caricias y besos que, sin quererlo, iban y venían en silencio y al parecer, mucho hablar, pero poco demostraste querer. Aquellos instantes que quise que fueran de los dos y, que, siempre eran lo que nos separaba. La línea invisible y tensa por la que caminábamos de la mano, cayéndonos a cada instante. Todo era igual excepto la fuerza con la que aprendíamos a levantarnos. Cada vez que tropezábamos, vacilábamos o , simplemente, jugábamos, caíamos y nos hacíamos daño. El daño era más a medida que mi calendario se quedaba sin hojas. Entonces, un día decidimos fijarnos bien en los detalles. Asimilar por qué lo hacíamos mal... porque siempre resbalaba uno e íbamos los dos de cabeza al suelo. Conseguimos no caernos al suelo y si caía uno, que, al menos, no fuésemos los dos. Si podía salvarse uno, bien salvado está. No hay necesidad de que se mueran dos personas si puede evitarse. Decidimos soltarnos la mano, así pues, cuando a él le apetecía correr imprudentemente y caía, ya no lo hacía yo; y cuando a mí me daba por bailar sobre un pie, él no tenía por qué seguir mi ritmo. Por último y no menos importante, tiene cosidos algunos adornos. Tal vez, algún que otro bostezo que escapaba de mi boca cada noche eterna en la que lo único que buscaba era saber de ti. Los silencios que has creado y mantenido con la enorme sorpresa de un adiós son el reborde del cierre.
Mientras me pierdo entre las sábanas y la oscura noche, en el limbo entre la pena y la soberbia, recuerdo con sutileza lo que nunca llegué a decir, lo que siempre quise contar y lo que solía soñar mientras te imaginaba. Aquellas palabras que no quisieron volar, sin saber bien el porqué. Dejamos todo un mundo a mitad de camino. Un mundo que jamás volverá y que terminará donde acaba todo, en ninguna parte. Pero se va, como todo. No pretendo que espere nada por mí, pero no estaría de más que el tiempo tuviera una serie de pestañitas que indicaran por dónde va nuestro tiempo. Todo ello empapado con algunas gotas de cariño, ternura o incluso amor.
Acompañando al tarrito, en alguna nota inocente y descuidada, se pueden ver contados uno por uno todos los días que el tiempo no me dejó estar junto a ti; y además, en cada día preciso está remarcado el acontecimiento que quisimos vivir en cualquier lugar.
Noche tras noche, le regalo algún que otro beso más al tarrito y mi último pensamiento antes de dormir.
Mientras me pierdo entre las sábanas y la oscura noche, en el limbo entre la pena y la soberbia, recuerdo con sutileza lo que nunca llegué a decir, lo que siempre quise contar y lo que solía soñar mientras te imaginaba. Aquellas palabras que no quisieron volar, sin saber bien el porqué. Dejamos todo un mundo a mitad de camino. Un mundo que jamás volverá y que terminará donde acaba todo, en ninguna parte. Pero se va, como todo. No pretendo que espere nada por mí, pero no estaría de más que el tiempo tuviera una serie de pestañitas que indicaran por dónde va nuestro tiempo. Todo ello empapado con algunas gotas de cariño, ternura o incluso amor.
Acompañando al tarrito, en alguna nota inocente y descuidada, se pueden ver contados uno por uno todos los días que el tiempo no me dejó estar junto a ti; y además, en cada día preciso está remarcado el acontecimiento que quisimos vivir en cualquier lugar.
Noche tras noche, le regalo algún que otro beso más al tarrito y mi último pensamiento antes de dormir.
domingo, 21 de octubre de 2012
Colgando de nubes
Con ganas prácticamente de colgarme por los pies de la ventana y sentir el suave viento acariciando mi cara, arrancando sigilosamente alguna lágrima. Estar donde nadie ha estado jamás. Por una parte ver las dulces nubecitas mecerse sobre mi cabeza, atrapando pensamientos, muchos de los cuales sin sentido, y que caminan por la enorme vagancia de mi mente en tiempos revueltos. Y bajar la mirada y encontrarme con nueve pisos por debajo de mí. Así que más valdría que no me fallaran las piernas, al menos, no esta vez. Si no viviera tan arriba, seguro que no quedaba con ganas de hacerlo. Sería maravilloso despojarte de cualquier tipo de responsabilidad, idea, culpabilidad, sentimiento, arrepentimiento; tener alas para poder surcar los cielos, los siete mares y si se tercia también, el universo entero, recorriendo estrella tras estrella y galaxia tras galaxia. A día de hoy, vivimos en un mundo en el que no podemos permitirnos nuestros sueños, nuestro ideales, sacarlos a pasear a la mínima de cambio o al menos, no deberíamos. Por eso mismo, mi consejo es que echéis a volar siempre que queráis y que el mundo no os diga jamás lo contrario. Y si os para los pies, no os preocupéis, os saldrán alas para volar...
Es fantástico notar cómo se desvanecen aquellos problemas tan negros y que tan poco te dejaban dormir. Ahora eso ya da igual, de hecho, si te paras a pensarlo te darás cuenta de que es lo que menos importa. Sabio quien dijo alguna vez que a los grandes problemas, grandes soluciones. Hoja por hoja y paso a paso, olvidas quién , cómo, cuándo, dónde fue la última vez que alguien te hizo daño, que alguien quiso hacerlo, de las anteriores veces que lo hicieron, o de las que lo intentaron hacerlo. El tiempo pasa y sabes que lo que realmente merece la pena, son aquellas cosas a las que menos damos importancia muchas veces.
Es fantástico notar cómo se desvanecen aquellos problemas tan negros y que tan poco te dejaban dormir. Ahora eso ya da igual, de hecho, si te paras a pensarlo te darás cuenta de que es lo que menos importa. Sabio quien dijo alguna vez que a los grandes problemas, grandes soluciones. Hoja por hoja y paso a paso, olvidas quién , cómo, cuándo, dónde fue la última vez que alguien te hizo daño, que alguien quiso hacerlo, de las anteriores veces que lo hicieron, o de las que lo intentaron hacerlo. El tiempo pasa y sabes que lo que realmente merece la pena, son aquellas cosas a las que menos damos importancia muchas veces.
martes, 16 de octubre de 2012
Llamando a la Tierra
¿Por qué ya no aparece gente que llame la atención? Al menos, no la mía. En ningún lado, sea el que sea, de los miles de millones que hay... es muy triste mi vida. Ya no soy capaz de hablar con nadie y que él mismo sea capaz de coordinar su cerebro a la vez que lo asocia con sus dedos para escribir algo coherente, inteligente y por tanto, interesante. Todo esto mezclado con un lenguaje medianamente correcto, sería lo ideal. ¿Queda alguien en la Tierra que reúna, al menos, estás dos cualidades? ¿Tanto pedir es? Parece ser que sí. Ni se te ocurra decirles que "camión" lleva tilde en la "o" si no quieres que te tachen de "friki". Por no ser como ellos, o más simplemente, por no pensar como ellos ya es razón sufiente para sentirte rara.
Sería mejor que me volviera como ellos. No habría problemas ni comeduras de cabeza en ningún sentido. No tendría mucho sentido mi forma de ser, sería tan sencilla y simple como la del resto. Despreocupada, poco observadora, pasota, nada de exigente... inútil y normal. No quiero. Ya no encuentro a nadie que sea capaz de llamar mi atención tan sólo un poquitín. ¿Qué ocurre? No les puedo echar la culpa a todos ellos. Sé que el problema está en mí, soy yo. No me conformo con nada. No quiero nada si no es lo que preciso. Y eso, no existe.
Entonces, ¿cuál será mi destino?
Terminaré por cambiarme de planeta, ya que cambiando de libro no consigo nada. Distinta esencia, pero en el fondo, todo es la misma basura.
Sería mejor que me volviera como ellos. No habría problemas ni comeduras de cabeza en ningún sentido. No tendría mucho sentido mi forma de ser, sería tan sencilla y simple como la del resto. Despreocupada, poco observadora, pasota, nada de exigente... inútil y normal. No quiero. Ya no encuentro a nadie que sea capaz de llamar mi atención tan sólo un poquitín. ¿Qué ocurre? No les puedo echar la culpa a todos ellos. Sé que el problema está en mí, soy yo. No me conformo con nada. No quiero nada si no es lo que preciso. Y eso, no existe.
Entonces, ¿cuál será mi destino?
Terminaré por cambiarme de planeta, ya que cambiando de libro no consigo nada. Distinta esencia, pero en el fondo, todo es la misma basura.
Aún no ha terminado
Llevo ya dos noches sin dormir. Llevo más de dos días sin salir. ¿Por qué no llamas? La vida es algo más que pelear. Así nunca se llega a un buen final.
Parece que ya todo terminó. Parece que sin más dijiste adiós. No entiendo nada. Si ayer nos volvía locos la pasión... Si ayer gozamos juntos el amor.
"Y es que yo empiezo a estar harto de continuar, de ver cómo esas historias te hacen dudar".
No dudes más. Que estando juntos, la vida un sueño será. Haremos cosas prohibidas que a gloria sabrán. Y entenderás, que ahora tú y yo... volvemos al amor.
...Y es que yo a ti no te pierdo sin razón...
Deseo que regreses para hablar. Deseo que volvamos a empezar. No te das cuenta que te lo estoy pidiendo por favor. No tengo yo la culpa de un error.
Parece que ya todo terminó. Parece que sin más dijiste adiós. No entiendo nada. Si ayer nos volvía locos la pasión... Si ayer gozamos juntos el amor.
"Y es que yo empiezo a estar harto de continuar, de ver cómo esas historias te hacen dudar".
No dudes más. Que estando juntos, la vida un sueño será. Haremos cosas prohibidas que a gloria sabrán. Y entenderás, que ahora tú y yo... volvemos al amor.
...Y es que yo a ti no te pierdo sin razón...
Deseo que regreses para hablar. Deseo que volvamos a empezar. No te das cuenta que te lo estoy pidiendo por favor. No tengo yo la culpa de un error.
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