domingo, 9 de septiembre de 2012

El silencio es un buen amante para escuchar

Hoy me preguntaba por qué me gusta estar sola. Por qué disfruto tanto de los momentos en que voy sola, sin ningún tipo de compañía más. La gente me dice que soy un poco rara. Deben pensar que estoy loca, lo cual no me desagrada del todo. Me gusta mi forma de ser, mi manera de pensar y mi tremenda actitud. Mucho. Aunque algunas veces no encuentre demasiado sentido a lo que hago , digo , pienso o siento. Supongo que serán cosas de la edad.
Dicen que más vale sola que mal acompañada. Lo cierto es que en mi caso no lo hago por posibles malos acompañamientos sino más bien porque necesito momentos en los que estar conmigo misma. Contarme qué es lo que quiero. Más bien suelo tener que deducirlo porque no suelo tener ideas bien concretas y fácilmente distinguibles. Soy todo lo contrario, tengo bucles de retroalimentación en la cabeza y difícil es la vez que saco alguna conclusión decente de todo ello. Aún así, soy de las poquitas personas que dedican varias horas del día a descifrarme. A intentar encontrarme. A desenredarme. Lo necesito. Mi propia cabeza me lo exige.
Salgo a la calle, nada más me hace falta que mi música, unos cascos y unas cuantas calles que patear. No acabo cansada, sólo saciada de ese impulso que me lleva a querer conocerme cada día un poco más. No existen los relojes pues el tiempo que necesito y dedico no se puede cuantificar mediante aparatos manuales. Y no sólo es un día. Después de todo, la soledad no es una mala amiga y el silencio, no es tan mudo como dicen.
A veces no llego a desliar ni tan siquiera un hilito de esa maraña en la que están enredados mis pensamientos. Sin embargo tengo la coraza de que día tras día voy conociéndome tan sólo un poquitín más... y eso, me alegra.

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