domingo, 21 de octubre de 2012

Colgando de nubes

Con ganas prácticamente de colgarme por los pies de la ventana y sentir el suave viento acariciando mi cara, arrancando sigilosamente alguna lágrima. Estar donde nadie ha estado jamás. Por una parte ver las dulces nubecitas mecerse sobre mi cabeza, atrapando pensamientos, muchos de los cuales sin sentido, y que caminan por la enorme vagancia de mi mente en tiempos revueltos. Y bajar la mirada y encontrarme con nueve pisos por debajo de mí. Así que más valdría que no me fallaran las piernas, al menos, no esta vez. Si no viviera tan arriba, seguro que no quedaba con ganas de hacerlo. Sería maravilloso despojarte de cualquier tipo de responsabilidad, idea, culpabilidad, sentimiento, arrepentimiento; tener alas para poder surcar los cielos, los siete mares y si se tercia también, el universo entero, recorriendo estrella tras estrella y galaxia tras galaxia. A día de hoy, vivimos en un mundo en el que no podemos permitirnos nuestros sueños, nuestro ideales, sacarlos a pasear a la mínima de cambio o al menos, no deberíamos. Por eso mismo, mi consejo es que echéis a volar siempre que queráis y que el mundo no os diga jamás lo contrario. Y si os para los pies, no os preocupéis, os saldrán alas para volar...
Es fantástico  notar cómo se desvanecen aquellos problemas tan negros y que tan poco te dejaban dormir. Ahora eso ya da igual, de hecho, si te paras a pensarlo te darás cuenta de que es lo que menos importa. Sabio quien dijo alguna vez que a los grandes problemas, grandes soluciones. Hoja por hoja y paso a paso, olvidas quién , cómo, cuándo, dónde fue la última vez que alguien te hizo daño, que alguien quiso hacerlo, de las anteriores veces que lo hicieron, o de las que lo intentaron hacerlo. El tiempo pasa y sabes que lo que realmente merece la pena, son aquellas cosas a las que menos damos importancia muchas veces.

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